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Candyman


"Una historia con tanto dolor dura para siempre."


Título original: Candyman

Año 2021

Duración 91 min.

Dirección: Nia DaCosta

Guión: Jordan Peele, Win Rosenfeld. 

Elenco: Yahya Abdul-Mateen II, Teyonah Parris, Nathan Stewart-Jarrett, Colman Domingo, Kyle Kaminsky y Vanessa Williams.

 

Cabrini Green, el mismo vecindario donde comenzó la leyenda, es ahora un barrio de Chicago gentrificado. Una década después de que la última torre de Cabrini fuese derruida, Anthony McCoy y su novia Brianna Cartwright, se instalan en un apartamento de lujo de este barrio, completamente diferente a lo que fue y repleto de millennials que desconocen su oscuro pasado. Un pasado lleno de historias oscuras, entre ellas, la de Candyman, un fantasma con un gancho en vez de mano que aparece si su nombre se pronuncia cinco veces frente a un espejo.

 


Candyman fue un icono de las películas de terror durante la década de los 90s. Un hombre afroamericano con un garfio en lugar de mano que era parte de una leyenda urbana de una serie de edificios monoblocks, en donde vivía la clase baja de gente afroamericana en los Estados Unidos. Frases como "dulces para el más dulce" o "se mi víctima" fueron inmortalizadas bajo la voz del actor estadounidense Tony Todd. 

Tuve la oportunidad de verla en cine hace pocos años en el centro cultural San Martín que, antes de la pandemia, organizaba ciclos mensuales. Candyman estrenada en el año 1992 y dirigida por Bernard Rose estaba basada en un relato corto del escritor Clive Barker, llamado Lo prohibido y editado dentro de su antología dividida en tomos: Libros de sangre.

 

La película Candyman del año 2021 que dirigió Nia DaCosta es una secuela directa de aquella y recomiendo verla para poder apreciar más su historia, ya que hay referencias directas y parte del desarrollo de la trama se entrelaza con la de los 90s. Entiendo que por cuestiones de marketing no quisieron ponerle un título alternativo y muchos portales mal informados han expresado que se trataba de una nueva versión o como las llaman ahora, reboot. 

En esta Candyman tenemos de protagonista a un pintor, Anthony McCoy (Yahya Abdul-Mateen II) que vive junto a su novia Brianna Cartwright (Teyonah Parris) en un departamento de lujo que antaño fuera parte de los monoblocks precarios de la primera película, llamados Cabini Green. En una crisis de inspiración que suelen atravesar los artistas, Anthony se ve interesado por la leyenda urbana de Candyman, investigando sobre la pobreza del lugar y también sobre la brutalidad policial liderada por hombres blancos. Anthony llega así al dueño de una lavandería que le cuenta la triste historia de un hombre afroamericano asesinado a golpes por la policía injustamente. Había alguien que colocaba navajas en los dulces de los niños y como este señor solía regalar golosinas, lo acusaron rápidamente sin derecho a demostrar su inocencia. Hasta ahí son los hechos, pero después nace la leyenda que cuenta que si dices su nombre cinco veces frente al espejo, Candyman se aparece y te asesina con su garfio. 

En un encuentro junto a su novia, jugando, Anthony lo invoca y aparece con esto su inspiración como artista y los posteriores asesinatos de sus allegados. Anthony no sabe si está perdiendo la cordura o si efectivamente la leyenda es real. 

 

Nia Dacosta, la directora, realiza un impecable tratamiento de la imagen jugando con los espejos que son tan importantes dentro del folklore de Candyman y aprovecha desde los títulos de apertura, a rendirle homenaje al film original. Con un guión bien diseñado a cargo de Jordan Peele (ganador del Oscar a mejor guión original por Get out) y Win Rosenfeld, la trama nos seduce hacia este mundo violento y desesperado en el que el villano juega también como defensor del pueblo. Esta Candyman va directo al hueso y nos cuenta en primera persona, el dolor que atraviesan las personas de color en una sociedad liderada por los blancos y nos deja nuevas frases para reflexionar al respecto: "Ellos aman lo que hacemos pero no a nosotros" o "una historia con tanto dolor dura para siempre".

Más allá del tratamiento profundo que le dieron sus autores, no escatima en sangre y tiene secuencias dignas del género que representa. En lo particular, quedé impresionada con los ataques en el museo y en el baño escolar. Tendrán que verla para saber de qué hablo. 

El elenco está correcto en sus respectivos roles, destacando a Yahya Abdul-Mateen II, a quien solo conocía por haber interpretado al villano de Aquaman, Black Manta. 

Con un final terrible en el que pegué un grito (es que si son fans como yo de Candyman, me van a entender) esta secuela deja espacio para seguir explorando este universo y darle a las nuevas generaciones una historia con la que puedan identificarse.