6. Amuleto


El cofre de madera sucio de barro estaba apoyado sobre la cama de Venus, contenía un papel escrito a mano y una cadena de acero quirúrgico con un dije que tenía la forma de una llave muy bonita. Catalina leía con avidez el diario de su madre buscando la respuesta que la carcomía desde hace más de un mes: ¿el Ente había tenido que ver con su nacimiento?

Semanas enteras practicó con el libro de Neptuno, queriendo conectar con la energía impregnada en las paredes, en los objetos de la casa, pero no dio con el recuerdo preciso hasta que finalmente, una tarde se metió en el dormitorio de su tía Artemisa. Sobre la mesita de luz color blanco, había un porta velas con pantalla colorada, a simple vista parecía un pequeño velador. Encima tenía puesto a presión un brazalete dorado con forma de serpiente. Catalina no recordaba haberlo visto, lo tomó sin pensarlo y sucedió: volvió a ese día terrible, el cielo oscuro estaba cubierto de nubes marrones que se iluminaban por los relámpagos, la tormenta estaba a punto de estallar, literal y metafóricamente. Artemisa llevaba el brazalete en su brazo izquierdo cuando, loca de dolor, subió a toda prisa la escalera a la planta alta. Abrió con una patada la puerta del dormitorio que compartía con su hermana, la madre de Catalina: Vesta. Hurgó entre los almohadones de la cama sin éxito, buscó debajo del colchón y encontró un pequeño cofre negro, cuando lo abrió, Catalina pudo ver claro en la visión, que se encontraba un dije con forma de llave y un papel escrito a mano por Vesta. Artemisa volvió a revolver y encontró el diario. Mientras las lágrimas le corrían a raudales, bajó las escaleras y con una cinta que sacó de la cocina, ató el cofre y el diario. Salió al patio trasero y con una pala empezó a cavar con furia, detrás de la huerta. Allí, enterrados, quedaron los recuerdos durante cinco años, hasta que Catalina lo descubrió cuando todas sus tías estaban en la tienda, ocupándose de una auditoria. 

Cuando terminó de leer el diario de su madre, se quedó con una sensación de vacío, peor que la que tenía antes de empezar. El diario no explicaba nada, más que lo que Hera le había contado ya, sabía que el Ente se le había presentado en la clínica después de dar a luz, pero no había evidencia de nada. Podían ser todas patrañas de ese ser oscuro y nefasto queriéndola engañar. 

-Hey ¿estás bien?- le preguntó con dulzura su tía Venus. No se había percatado de que las horas pasaron y ya estaban de vuelta.

Venus echó una mirada general al cofre, a su contenido y al estado anímico en el que se encontraba su sobrina, pero no dijo nada.

-Ella es Vanina, de la tienda. Está haciendo su tesis de cine y necesita accesorios para decorar.- Vanina saludó a Catalina con un beso en la mejilla pero la adolescente seguía absorta en sus pensamientos.

-Vamos arriba que tengo unos frascos que te pueden interesar- le dijo Venus a su compañera de trabajo. -Vamos, Cata, que te preparo un té con jengibre y miel. Necesitas algo dulce.- 

Venus tomó a Catalina con suavidad y la condujo por las escaleras hasta la planta principal. Vanina amagó a seguirla pero algo le llamó la atención: el dije con forma de llave. Era perfecto para usar como amuleto en el cortometraje de terror que presentarían como tesis, en el tramo final de la carrera de cine. A ella le había tocado el rol de Directora de Arte y estaba decidida a realizar un buen trabajo ya que productores de la industria audiovisual la evaluarían; era una oportunidad que no podía dejar pasar. Sin pedir permiso se guardó en el bolsillo del pantalón la hoja con el ritual y el amuleto: "Es mejor pedir perdón que permiso".

 

 

Miércoles 31 de Octubre - Set de rodaje del cortometraje "El Amuleto".

 

Vanina sacó el dije con forma de llave y se lo mostró a la directora del corto, Carla.

- Es perfecto, me gusta el simbolismo de que sea una llave la que abre el portal y deja entrar al demonio. ¿De dónde lo sacaste?-

-Me lo prestó una amiga- mintió Vanina. 

Ya estaba todo listo para comenzar a rodar la escena Madre, el momento cumbre en una pieza audiovisual, donde se resume la totalidad de la obra. En este caso, la misma consistía en la actriz principal, encarnando a una mujer desesperada que después de perder su empleo decide invocar a una antigua deidad poderosa para vengarse, arrodillada sobre un circulo con símbolos en él, recitando unas palabras mientras sostiene el amuleto en alto. Todo se centraba en la concentración de la protagonista, ya que el terror se encontraba en su mirada, en cómo pronunciaba las palabras y en la anticipación del resultado de dicha invocación. La actriz venia practicando hace días, sentía los nervios normales pero confiaba en su trabajo. Vanina y su equipo de Arte trabajaron desde la mañana temprano, ese día, logrando darle al escenario, la ambientación correcta al tono del relato. Estaba todo listo para comenzar, la cámara en su lugar, el micrófono a una distancia prudencial para que no entre en cuadro, la directora de fotografía había medido correctamente la luz y esperaba a un costado después de chequear que estaba todo según lo planeado. El resto del equipo esperaba detrás, en silencio. 

- Sonido- dijo en voz alta la asistente de dirección.

- Anda- contestó la sonidista.

- Cámara-

-Anda- respondió la camarógrafa. 

- Rodando- ordenó la asistente de dirección y la cámara fue puesta a grabar. 

- ¡Acción!- gritó la directora y la actriz, tras un profundo suspiro, recitó en voz alta:

- ¡Yo te invoco! ¡Yo te abro las puertas de mi casa y te dejo entrar! ¡Aquí tienes a tu sierva, fiel seguidora! ¡Puedes usarme como vehículo! ¡Yo te invoco! ¡Yo te abro las puertas de mi casa y te dejo entrar!-

La electricidad dejó de funcionar. Todas las luces del edificio se apagaron, los equipos de sonido, la cámara, quedaron enmudecidos. 

- ¿Qué pasó? ¿Se cortó el generador también?- preguntó Carla. 

La sonidista aulló de dolor, seguido de unos ruidos a huesos rompiéndose. 

Vanina sacó su celular y encendió la opción de la linterna, todos tenían los móviles apagados al momento de rodar. Iluminó el lugar de donde provino el aullido y su mente no quiso creerlo: el cuerpo de lo que fue la mujer estaba roto, literalmente, como sí se tratase de una muñeca de trapo. Era una mezcla de huesos, carne, órganos, sangre y las telas de la ropa que llevaba ese día. Había que mirar con detenimiento para entender dónde estaba la cabeza y cada extremidad. La asistente de dirección no lo pudo soportar y soltó un vomito sobre el piso. Algunas personas intentaron salir del lugar pero las puertas estaban trabadas. 

- ¿Quién hizo esto?- susurró Carla. Sus ojos estaban abiertos, desorbitados, por su cabeza pasaron cinco historias distintas, no estaba segura de nada. Nadie estaba seguro de nada. Cuando Vanina iluminó la escena, la actriz no estaba, tampoco el amuleto. 

- ¿Dónde está la actriz? ¿Dónde está Melania?- gritó.

Los demás empezar a mirar, todos querían encender sus móviles para iluminar el lugar, algunos lo hacían, a otros les resbalaban las manos a causa de los nervios. Empezaron a buscar a Melania, no se veía por ningún lado, hasta que a la camarógrafa se le ocurrió iluminar el techo y la vio: estaba pegada al techo, sus ojos encendidos con un color rojo sangre veían todo lo que ocurría en la habitación mientras masticaba un pedazo de oreja de la sonidista. 

- ¡Fue ella!- gritó. Todos miraron al techo y empezó la histeria. Gritaban, se atropellaban, tirando los trípodes con las luces, llevándose puesto todo lo que estaba en su camino. Vanina llegó a divisar el dije con la llave que colgaba del cuello de la actriz poseída: 

-¿Qué hice?- Se preguntó y marcó el número de Venus que tardó un rato en atender. 

 

Miércoles 31 de Octubre - Casa de las brujas.

 

-Hoy es Halloween- le dijo Catalina a Hera. Estaban en la cocina, preparando un tarta de frutillas. La mesa larga de madera estaba atestada de frascos de vidrio, los que usaban para rellenarlos de las pociones que luego vendían en la tienda. 

-Nosotras no festejamos Halloween sino Samhain, pero como vivimos en el hemisferio sur, lo celebramos en el otoño. Hoy nos corresponde Beltane, el inicio de la primavera, encenderemos el fuego del altar y bailaremos con nuestras coronas de flores.- Le explicó Hera.

- Me lo explicas todos los años, quiero festejar Halloween aunque sea un año. ¿No podemos dejar Beltane solo por esta noche?- 

-No entiendo por qué ignorar nuestras tradiciones que sí tienen sentido a celebrar algo que encima, se hace erróneamente y por los motivos equivocados.- espetó Hera.

Catalina bufó enojada y estuvo a punto de refutar cuando Artemisa entró en la cocina junto a Venus; una traía unas guirnaldas con figuras de fantasmas y calaveras, la otra una calabaza tallada. Hera abrió la boca como gesto de sorpresa:

-¡Ustedes también!-

-Solo por esta noche, podemos comer dulces y mirar un par de películas de terror. Beltane se puede celebrar mañana. Por Cata.- le explicó Artemisa a su hermana mayor.

-Por Cata- se sumó Venus.

-¿Por Cata? Por lo menos, no se mientan y digan que a ustedes también les gusta este circo de Halloween.- Las mujeres se sonrieron con picardía.

-Está bien, vamos a festejar Halloween- dijo Hera cansada.

-¡¡Sí!!- exclamó alegre Catalina, era algo raro en ella, puesto que siempre tendía a la melancolía. 

- Pero lo vamos a hacer completo, nos vamos a disfrazar...¡de brujas!- 

Artemisa, Venus y Catalina miraron a Hera, respondiendo al unisono: 

-Somos brujas-

- Sí, lo sé pero la "gente normal" se disfraza de bruja y celebra Halloween. ¿Quieren hacer algo normal? Busquen sus sombreros en punta y las escobas de madera.-

Así lo hicieron, todas se pusieron un vestido: Hera usó uno azul marino con estrellas y lunas plateadas largo hasta los pies. Venus, uno rosado con tul que en las mangas parecía tener dos ramos de rosas. Artemisa que no era amiga de los vestidos, siempre usaba leggins o pantalones rasgados, con un estilo más rock, usó uno negro largo y lo acompaño con un collar con tachas en puntas. Catalina, se puso su favorito, se lo había regalado Hera para asistir a un cumpleaños de 15 de una compañera de curso, el año anterior, ya que no solía recibir invitaciones; era negro, largo, con transparencias arriba; en las mangas y los hombros. Tenía pequeñas estrellas color plata. 

Las cuatro se calzaron sus sombreros negros en punta, tomaron sus escobas de madera y se juntaron en la habitación de Hera, donde encendieron el televisor, que nunca usaban, pero que uno de los novios de Venus les había regalado para cuando se quedaba a dormir en la casa. 

-Tenemos dos películas: una es sobre un payaso que adopta la forma del miedo atormentando a unos niños, la otra sobre un payaso psicópata que sale a matar la noche de Halloween.- contó entusiasmada Catalina.

-¿Las dos con payasos?- a Hera se le notaba el miedo en la voz.

-Ay, tía, son películas de terror. Se supone que tenemos que sentir miedo.- 

-Yo elijo la segunda opción- se plantó Artemisa. 

Cuando la película terminó las cuatro estaban con la boca abierta y el estómago cerrado, habían dejado de comer los caramelos y chocolates que había comprado Venus a los veinte minutos de metraje. El payaso y sus asesinatos salvajes y explícitos las había dejado totalmente asqueadas. El celular de Venus sonó con una melodía suave que las hizo literalmente, pegar un salto. 

-¿Hola?- 

 

 

Cuando Hera y Artemisa llegaron al edificio en donde Vanina y el resto del equipo rodaban el cortometraje de terror para la tesis de la carrera, había dos ambulancias estacionadas y tres patrulleros. La directora de arte hablaba con uno de los oficiales. Los vecinos y los transeúntes curiosos observaban detrás de las vallas de seguridad. Artemisa le hizo señas a Vanina para que se acercara. 

-Fue horrible. Mató a dos compañeras, a la sonidista y a la camarógrafa, eran dos mujeres jóvenes con toda la vida por delante, muy inteligentes. Ese final...fue un baño de sangre.- Vanina se quebró en llanto.

- ¿Dónde está el amuleto?- le preguntó Artemisa sin dar tantas vueltas.

- ¿El dije con forma de llave?- Vanina sentía mucha culpa, ella no creía en magia ni similares, nunca se había cuestionado siquiera su propia fe, ahora estaba confundida ante tal desagradable y trágico evento. 

-Sí.- la cortó Artemisa - No debiste tomarlo, ese amuleto estaba enterrado en el jardín por una razón, mi sobrina lo descubrió pero no sabía para que servía. Hay que recuperarlo antes de que sea tarde.- 

- Ella escapó con el dije puesto. Estaba irreconocible. Parecía...- no se animó a decirlo en voz alta pues su mente racional luchaba contra lo que habían visto sus ojos momentos atrás. -...poseída.-

- Esta poseída- le espetó Artemisa.

-Artemisa ya está.- la retó Hera. -Necesitamos atraparlo.-

Vanina las miró azorada:

-¿Es un él? ¿Es el diablo?- 

Artemisa puso los ojos en blanco y le contestó de mala gana:

-No, no es el diablo, pero en este caso, para que lo entiendas sí, podría ser el diablo. Estaba buscando esta oportunidad desde hace muchos años. Lo tuvimos atrapado durante tanto tiempo en nuestra cas...-

-¡Nuestra casa!- gritó Hera y las dos brujas corrieron de vuelta al hogar, dejando a la pobre Vanina estupefacta, intentando procesar todo lo ocurrido, aunque no lo lograría, al menos no esa noche.

 

Venus y Catalina se comían las uñas, estaban ambas en la cocina; la más joven sentada en una de las sillas de madera con los brazos apoyados en la mesa, la más grande apoyada sobra la mesada, al lado de la cocina, en donde calentaba agua en una pava para preparar un té que las tranquilizase a ambas. No volaba una mosca, solo llegaba a lo lejos el sonido de un auto pasando por la calle, o los grillos cantando, afuera en el jardín que estaba más verde que nunca por la llegada de la primavera.

-Mi deseo de festejar Halloween se hizo realidad.- dijo en tono sombrío Catalina. 

-Esto no tiene nada que ver con...bueno, quizás no debiste abrir el cofre sin consultar antes.- trató de explicar Venus con diplomacia.

-Pero tía, ustedes sabían y no me lo dijeron. Ese hombre estuvo encerrado en la habitación de la abuela desde que murió mamá.-

-No es un hombre, es un ente, nunca fue humano. Él manipuló a Vesta, no sabemos sí también la enfermó. Es poderoso en el mal sentido de la palabra, es perverso y nosotras, no tenemos el conocimiento para luchar contra eso. La más fuerte era Vesta...-

Dos golpes fuertes en la puerta de entrada.

-¡La abuela!- corrió Catalina a abrirle. Madame Petite se sintió aliviada al ver a su nieta sana y salva, se abrazaron y luego se sentaron alrededor de la gran mesa, en la cocina. Venus sirvió el té en las bonitas tazas de porcelana pintadas a mano. Ninguna hablaba, hay cosas que no pueden poner en palabras, que no se pueden explicar, solo pueden ser sentidas y las brujas lo saben. 

Venus recibió un mensaje de Hera, por el móvil. Las manos de la bruja empezaron a temblar. Su madre captó al instante lo que estaba a punto de ocurrir; sacó de su bolso su sombrero negro en punta y su varita blanca, tallada a mano por ella misma, fue hasta la puerta de entrada y empezó a sellarla con símbolos, mientras murmuraba unas palabras. Catalina la seguía absorta con la mirada, ella lo sabía también. El Ente vendría detrás de ella, lo supo desde la primera vez pero no quiso reconocerlo. Eso era lo que Plutón le quería advertir en esas horribles pesadillas, esos seres amorfos grises fueron una advertencia. No se sentía preparada para enfrentarse a ese ser, el entrenamiento del libro de Neptuno no apuntaba a eso, no. No tenía herramientas para defenderse. Se sentía inútil, débil. Se arrepintió de su falta de astucia, de no haber prestado atención cuando estuvo en el retiro Bernadette, cuando cortó el contacto con sus compañeras brujas después del engaño, cuando no quiso aceptar la ayuda de Hera, ni la de Venus, ni la de Artemisa. Ella era una bruja, no podía huir de eso. Si tan solo lo hubiera aceptado antes, en lugar de evadirse durante tanto tiempo. ¿A qué le tenía miedo? ¿Al poder? ¿Al caos? ¿A la falta de control? o ¿A la pérdida de él? Catalina lo sabía, todas las fichas le cayeron como sí se tratase de un gran domino.

 

El viento frío soplaba con fuerza desde el sur, Hera y Artemisa llegaron corriendo contra él, intentando que los sombreros no salieran volando. Cuando doblaron la esquina lo vieron. Con el cuerpo usurpado de la actriz, la ropa hecha jirones, con grandes manchas de sangre, mirando con sus ojos amarillos, ojos de depredador, la casa de las brujas. La primera en encararlo fue Artemisa, impulsiva y temeraria:

-¡Hey!- 

El Ente dobló la cabeza en su dirección, de manera casi sobrenatural, todos sus movimientos no eran humanos. Su mirada penetrante despedía chispas, en una rara mezcla de ira y placer sexual. A la bruja le temblaban las piernas, contuvo el impulso de largarse a llorar y salir corriendo, se plantó frente al Ente y comenzó a buscar dentro de sí su poder interno. Un aura rojiza la envolvió, era su poder, podía sentirlo, sus puños se prendieron fuego y cuando estuvo lista, dirigió la energía hacía el Ente. Esta lo golpeó, tirándolo al asfalto. Se levantó de un salto, corrió hacía Artemisa y le asestó una trompada en su mejilla izquierda. La bruja cayó hacia atrás, sobre la vereda de cemento. Cuando le quiso dar otra en el lado derecho, lo detuvo el brazo de Hera, que ahora estaba envuelta en un aura color verde, sus ojos, antes castaños, eran ahora verdes y refulgían con determinación intentando doblegar al perverso ser, buscando que retrocediera. Este ponía resistencia pero no hacía nada para separarse de las manos de la bruja. Cuando le sonrió mostrando los dientes, Hera salió despedida, cruzando la calle y golpeándose contra el poste de luz de madera. En ese preciso instante, Madame Petite salió de la casa apuntándolo con su varita, a la altura de la boca. El aura de la bruja era de un violeta intenso. El infame soltó una carcajada, disfrutando cada segundo del encuentro. Había esperado tanto tiempo, encerrado en ese oscuro cuarto, planificando cada movimiento, cada jugada. Al fin ese día había llegado. 

Madame Petite asestó un rayo violáceo sobre el Ente que voló por los aires, logrando que se levante más fuerte, más sonriente, casi victorioso. En tres saltos cortos pero contundentes, estuvo encima de la bruja, quebrándole el tabique con un golpe seco de cabeza. La mujer quedó tirada, cerca del cordón de la vereda, sin poder respirar con normalidad, juntando fuerzas para reponerse. El ser se dirigió a la casa de las brujas, con paso decidido. Venus lo esperaba en la entrada con su paraguas rosado. 

- No vas a pasar.- le dijo con tono claro y alto. Estaba decidida. El Ente dudó pero avanzó a paso firme, caminó por el jardín delantero hasta el inicio de las escaleras, en donde estaba la bruja. Cuando subió el último escalón, Venus cerró y abrió el paraguas, despidiendo un rayo rosado que lanzó al infame al otro lado de la calle. 

La bruja bajó los escalones, cruzó el jardín y salió a la calle despidiendo un segundo rayo que lo volvió a tirar, antes de que pudiese enderezarse, después corrió hasta su madre para ayudarle a levantarse. Madame Petite estaba dolorida, Venus la arrastró hasta que logró sentarla en la vereda, sosteniéndola contra un poste de luz. 

-¿Venus?- Catalina salió de la casa que al ver el panorama, no pudo contener las lágrimas.

-¡Al fin!- gritó el Ente y se lanzó en una carrera para atacar a la joven bruja. No lo logró, fue intercedido por Artemisa y Hera, que lo derribaron, una tomándole por las piernas, la otra por el torso. El ser quedó en el centro de la calle riéndose a carcajadas, como si estuviera desquiciado. Poco quedaban de los dulces rasgos de la actriz, el cuerpo mortal estaba corrompido; grandes surcos grises atravesaban la que antes había sido una piel fina y delicada. El pelo que antes fue sedoso, era ahora una maraña amarillenta, como sí se tratara de las cerdas de una escoba vieja y descuidada. Las brujas hicieron un círculo con él quedando en el centro. Hera se puso en el norte, Artemisa en el este y Venus al oeste. Elevaron sus brazos al cielo, cerrando los ojos y respiraron profundo. A Hera la envolvió una luz verde, a Artemisa una luz roja y a Venus una luz rosa. Bajaron sus brazos a la altura de los hombros, intentando cerrar el círculo. 

-Nos falta una- dijo Artemisa y ocurrió el milagro; Vesta apareció ocupando su lugar al sur del círculo, con una luz celeste a su alrededor. Las tres hermanas quedaron boquiabiertas, tenían tanto miedo, se sentían tan inseguras que al verla dándoles apoyo, las hizo recuperar la confianza. Esto se notó en sus auras que tomaron un aspecto más claro y definido. La energía se podía sentir, el poder entraba y salía de sus cuerpos y sus mentes, haciendo figuras de color en el aire. El Ente se retorcía en el suelo, luchando por aferrarse al cuerpo de su víctima, tal cual una garrapata, succionando su vida con hambre voraz. Las brujas elevaron sus voces al infinito y lograron sacar al perverso del cuerpo de la actriz, quien quedó inconsciente sobre el frío cemento de la calle. Catalina se apuró a entrar al círculo para sacarla, tomándola por debajo de los brazos y arrastrándola hacia afuera, mientras sus tías continuaban concentradas en devolver al Ente a su mundo. Cuando la adolescente terminó su labor, el infame la tomó de los talones y la tiró de nuevo hacía el círculo, queriendo poseerla, queriendo devorar su voluntad. Catalina luchó contra él pero todavía estaba muerta de miedo. 

-¡Serás mía! ¡Si no pude tener a tu madre, te tendré a ti!-

Las lágrimas corrieron por las mejillas de la joven, que iba perdiendo sus fuerzas frente a las de ese ser imponente que le gritaba con violencia, sacudiéndola para quebrar su voluntad. 

Hera le gritó a su sobrina:

-Busca adentro, Cata, el poder verdadero está adentro, en las profundidades.-

Catalina cerró los ojos un segundo, que pareció durar mucho más. Cuando los abrió estaba sumergida en la oscuridad. A su alrededor estaba todo negro, en un silencio sepulcral, entonces sintió una presencia colosal que, al parpadear, apareció frente a ella. Lo reconocía de sus sueños y también de las tareas del colegio; era el planeta Plutón. Tan magnifico y extraordinario como se veía en fotografías, con su capa exterior formada por la mezcla de monóxido de carbono, metano y nitrógeno congelado que le brindaba tonalidades entre rojizas, amarillas, azules y plateadas. No hizo falta hablar para que Catalina comprendiera; en sus visiones, quería advertirle de las intenciones del Ente, quería darle instrucciones para que aprendiera usar su poder interior. Por fin ocurrió, sintió el ardor de la energía dentro suyo y supo que estaba lista para vencer al demonio.

Cuando cerró los ojos y los volvió a abrir, estaba frente al Ente, dentro del circulo comandado por sus tías y su madre, en la calle de su cuadra, frente a la casa en la que vivió siempre, vio a su abuela apoyada sobre el poste de madera, mirándola sonriendo, expresándole que estaba lista y que no había nada que temer. Catalina acumuló su energía, llenándose de un calor que recorrió cada recoveco de su cuerpo y de su mente. Cuando estuvo lista lo desplegó contra el Ente, era una llama dorada que lo calcinó y lo envió de vuelta a donde pertenecía. Con la mente buscó el amuleto que todavía reposaba colgado del cuello de la actriz, lo atrajo hacia ella con la mirada y cuando estuvo en el centro del círculo, lo pulverizó. La energía cesó y Hera, Artemisa y Venus, cayeron al suelo, cansadas. Catalina quedó de pie frente al espectro de su madre. Con los labios se dijeron "Te amo" y las dos sabían que el amor es un lazo que la muerte no destruye, que entra y sale sin control, que nos hace más fuertes y confiados. Vesta se despidió de su madre, susurrándole algo al oído que las demás no alcanzaron a escuchar pese a sus esfuerzos.

La actriz empezó a despabilarse y Venus la abrazó:

- Ya terminó, te vamos a cuidar.-  

La tienda permaneció cerrada dos días con un cartel en la puerta: Cerrado por duelo. Las brujas permanecieron en reposo, hidratándose para recuperar las fuerzas. Atendieron a la actriz y consiguieron una abogada, pues todavía iba a tener que responder frente a la policía por los asesinatos. Nadie iba a creer lo del Ente pero podían buscar la manera para que no fuera a la cárcel o pagase una condena menor. 

Madame Petite no volvió a vivir con sus hijas pero sanó su disputa con Hera, iba todas las semanas a visitarlas y los jueves le daba clases de cocina a Catalina, quien, finalmente, aceptó su condición de bruja. Se dio cuenta de que sus talentos eran herramientas que podía usar con utilidad, en lugar de vivirlos como una carga. 

Venus anunció que estaba de novia y que planeaba pronto, irse a vivir con él. Sus hermanas al principio estaban escépticas hasta que se dieron cuenta de que la relación iba en serio y le desearon lo mejor. 

Festejaron todas juntas Beltane, en el jardín, con sus coronas de flores encendiendo las fogatas, quemando el dolor del pasado, respirando el presente y construyendo el futuro.

 

Autor: Victoria Marañón Rodríguez