Madame Espanto


 

 

Madame Espanto presenta una colección de micro relatos semanales en donde lo perturbador, lo terrorífico y lo monstruoso son la única constante.

 

Todos los micro-relatos fueron escritos por Victoria Marañón Rodríguez y van a salir publicados los días viernes en la cuenta Instagram: @librosvmr

También los voy a publicar en mi Tumblr: www.vickygray.tumblr.com 


La peste

 

 

Las calles de Orlok estaban vacías, la peste había arrasado con gran parte de la población. Los pocos sobrevivientes que contaban con movilidad propia huyeron despavoridos hacia aldeas vecinas en busca de un futuro mejor. Un par de niños hambrientos, abandonados a su suerte, dormían en el ático de la capilla. Ya habían sido alcanzados por la enfermedad. En sus rosadas pieles los callos característicos comenzaron a asomar.

Una figura masculina, alta, muy delgada, vestida de negro caminaba por el lugar cuando olió en el aire putrefacto el aroma de los infantes. Avanzó con cautela a través de las paredes de la casa del Señor para abrazar con dulzura las vidas de las criaturas que no volverían a despertar.


Carne

 

Eran cerca de las nueve de la noche, le faltaban algunos kilómetros para llegar a su casa apartada de la urbe. Había acordado con su esposa que hoy se ocupaba él de la cena cuando lo vio tirado sobre el carril derecho. El auto había quedado dado vuelta con los vidrios reventados. Nadie a la vista. En invierno la calle era muy poco transitada. 

La idea simplemente apareció como un pensamiento recurrente. Se acercó al cuerpo todavía tibio, no podía aseverar si estaba muerto o no. Lo cargó hasta el baúl de su auto y partió directo a su casa.

La esposa llegó cerca de las once, él la recibió con la mesa bien puesta; sería la mejor carne que hubiera probado en sus cuarenta y siete años de vida. 


La secretaria

 

Revisaba la biblioteca con sumo interés, no estaba segura de estar autorizada a husmear entre aquellos libros cubiertos de moho; su jefe podría entrar en cualquier momento y si bien llevaba trabajando para él los últimos seis años, quería evitar los conflictos innecesarios. Una portada con terminaciones en dorado, en apariencia antigua, le llamó profundamente la atención, tanto que olvidó sus propios límites y tomó el libro. Al abrirlo unas fotografías en blanco y negro cayeron a la alfombra persa que decoraba la habitación. Cuando las vio no contuvo las náuseas. Extrañas partes del cuerpo humano formaban parte de un nauseabundo collage en el que su propio jefe sonreía extasiado, reposando sin ropa sobre ellas. 

La puerta se abrió de golpe, él la vio temblando mientras sostenía las fotografías. Era una verdadera pena, hasta entonces había sido una secretaria realmente aplicada ¿en dónde encontraría otra igual? 

 



La infusión

 

Conocía las consecuencias perfectamente, no era la primera vez y lejos quedó, muy atrás, la jovencita ingenua con ganas de cambiar el mundo. Sus infusiones son archiconocidas en la tienda, estaban entre los productos más vendidos. Venus sabía que podía transferir su propio mundo emocional a su trabajo. Aquella vez tan accidentada había sido causa del estrés de su última relación de pareja. La rabia reprimida, los resentimientos callados, el silencio pasivo agresivo, convirtieron a los clientes que probaron sus brebajes, en bestias salvajes violentas destruyendo todo a su paso. No podía volver a cometer ese error. Llamó a su hermana mayor comunicando que se tomaría el día para exorcizar sus enojos. Lejos de ofenderse, su hermana comprendió los motivos; ninguna quería gente desquiciada escupiendo espuma por la boca, dando dentelladas y hablando en lenguas muertas. Los demonios pueden ser tan reactivos.



Cumpleaños feliz

 

 

Sólo había un regalo de cumpleaños que anhelaba y su familia lo sabía a la perfección. La despertaron con el desayuno en la cama. Cuando bajó las escaleras la sala de estar estaba atestada de globos violetas, su color favorito y también su nombre. Una torta de dos pisos con diecisiete velitas ardían mientras entonaban el Feliz cumpleaños con ganas. Intentó esbozar una sonrisa pero no pudo contener las lágrimas que patinaban por sus mejillas, la angustia contenida en el pecho, las ganas de gritar. Apagó las velitas, entonces su mamá le entregó una caja envuelta en papel de regalo con un moño en la tapa. Con las manos temblorosas abrió el paquete y sonrió. De verdad, no tuvo que fingir; la cabeza de su victimario la miraba desde sus cuencas vacías. No volvería a ponerle un dedo encima, ni a ella, ni a nadie más. Nunca más. El mejor cumpleaños de su vida.


El limonero

Cavaba con una voluntad férrea decidida a dejar el jardín en condiciones. Había heredado la casa de su abuela y si bien su amigo albañil le ayudaría a reformarla, de la parte botánica quería encargarse personalmente. Con una manguera mojó la tierra para ablandarla y luego empleó la pala; quería plantar un limonero. Los limones le recordaban al verano, su estación favorita, a su abuela que le preparaba limonada fresca en las tardes calurosas, a la parte de su niñez feliz. 

La pala chocó contra algo duro, parecía un cajón de madera tallada. Con delicadeza lo limpió para observar mejor, lo abrió con sumo cuidado y sin querer aspiró el polvo verdoso que tenía dentro. Sintió como sus vías respiratorias ardían, sus pulmones estallaron dentro de la caja torácica, la lengua negra de costado fuera de la boca. Una muerte atroz, dolorosa, solitaria. Las autoridades catalogaron la causa como incierta después de que su amigo encontrara el cuerpo. Pero no fue lo único que halló revisando el inmueble; la abuela le había dejado una carta explicando sobre la maldición escondida en el jardín que incluía un mapa al mejor estilo búsqueda del tesoro. Si tan sólo hubiera prestado más atención a los papeles...


Bailarina

 

Las calles porteñas desoladas eran el escenario idóneo para sus fotografías. Quería ganar el primer premio del certamen. Sabía exactamente qué quería; la iglesia de la calle Perón en el barrio de Balvanera. Su arquitectura gótica era perfecta. Enfocó su objetivo y disparó, entonces la vio salir por la puerta principal mientras bailaba en lugar de caminar. Llevaba puesto un catsuit oscuro con estrellas bordadas en plata, el pelo largo recogido en una coleta y un sombrero tanguero negro. La siguió calle abajo con la cámara preparada. Un disparo aquí, otro allá, esa voltereta se ve estupenda. Tenía suficiente material para seleccionar una que le daría la victoria.

Se detuvo bajo la farola para ver las fotografías en el visor de la cámara; ella no salía en ninguna. No se dio cuenta hasta que la tuvo enfrente, la mirada felina puesta en él sin un solo parpadeo. Sus labios rojos se entreabrieron dejando ver los colmillos blancos sedientos de sangre. Ya nunca ganaría ese concurso ni ningún otro.


La huella

Escapando de su captor en el medio de un frondoso bosque bebió agua de lo que parecía ser la huella de un animal. Llevaba días sin comer, sus menudos huesos se entumecen pidiendo a gritos un descanso profundo. El cielo rojizo anuncia el final de la luz solar y como puede se esconde en un tronco hueco hasta ser vencida por el sueño.

Despierta abruptamente por los crujidos de las ramas y aspira el aroma a colonia berreta propia del secuestrador. Aunque lograse sobrevivir jamás podría extirpar de su memoria ese olor repulsivo. Se le eriza la piel cuando lo tiene muy cerca y sin poder dominar la furia que le hace bullir la sangre, sale de su escondite gritando con rabia. El secuestrador le apunta con un arma de fuego mientras la observa con sus ojos muertos, la luna llena brilla en lo alto del firmamento y las convulsiones sacuden su cuerpo. Su piel tersa y suave se cubre por una fina capa de vello grisáceo. Sus ojos color almendra se tornan amarillos. Sus orejas crecen como el resto de sus extremidades. Sus dedos se alargan hasta convertirse en garras. 

El cazador cazado se orina en los pantalones cuando la bestia alcanza los dos metros de altura.

La licántropa devora a su opresor con ahínco, ya encontrará algo más rico para sacarse el gusto de esa colonia barata.


Los gatos

 

 

Abrió los ojos y se incorporó en la cama, sus viejos huesos crujieron.

Afuera se oyeron ruidos que no logró identificar. Se levantó con dolor y caminó hacía la ventana. Un miedo visceral le encogió el corazón, la desesperación le causó palpitaciones. Más de una decena de gatos la miraban fijamente mientras gruñía. Identificó a cada uno de ellos: el de la oreja cortada, el tuerto, el de la pata quemada...todos asesinados. Los odiaba. Esa noche sería ella quien probaría el veneno.


Bella durmiente

 

 

La bella durmiente aspiró la energía vital del falso príncipe mientras la piel de este se demacraba conforme pasaban los segundos. Sólo el polvo de sus huesos quedó disperso en el amplio dormitorio conformado por la cama con dossier, el gran ventanal gótico y la rueca embrujada que había dado paso a la eterna maldición. El final feliz era un invento de los románticos que no toleraban las repeticiones del destino. 

 


La copa

El piso de madera crujió bajo su peso cuando avanzaron por el largo pasillo hasta el dormitorio más pequeño. El mismo estaba desprovisto de muebles por lo que colocaron un mantel de lino blanco sobre el suelo. Se sentaron enfrentadas mientras desplegaba las letras del abecedario en círculo. Dejaron la copa para lo último, dada vuelta, justo en el centro. Con las palmas hacia arriba, reposando al costado del cuerpo, conjuraron al pasado.

Tiempo atrás, entre esas paredes, la tragedia azotó la vida de sus habitantes. Dos niños pequeños perdieron la vida en circunstancias nada esclarecedoras. Desde entonces hay quienes dicen que sus fantasmas moran por la vivienda buscando paz. 

Las jóvenes quieren ayudar, una es médium, la llave que puede abrir la puerta que separa una dimensión de la otra. Tras un rato de aparente calma el silencio se quiebra y la copa se mueve. 

P.

A.

Z.

La médium se agarra la garganta con desesperación; no puede respirar. Una fuerza invisible a los ojos necios, la levanta del suelo. Golpea contra el techo y un par de vigas podridas se desprenden. Golpea contra el piso y encuentra su fin. La copa estalla y la otra muchacha huye del lugar. 

Los fantasmas solo quieren paz.