Madame Espanto


 

Noche de Halloween a la luz de las velas, la bola de cristal de Madame Espanto revela historias de terror para asustar y asustarse.

Les damos la bienvenida a nuestra tienda del horror.

 

Disponible Madame Espanto volumen I en ISSUU

 

 

 


El teatro

El teatro había estado cerrado durante un año por culpa de la pandemia. No habían logrado conseguir los filtros requeridos para el aire acondicionado y por ende no habían pasado la inspección para obtener la habilitación. Tras mover algunos hilos, lograron reunir el dinero y ajustar lo pedido. 

No quería entrar solo, conocía la leyenda del lugar y su macabra historia. Décadas atrás una joven actriz había perdido la vida en el escenario y desde entonces se le aparecía a los técnicos solitarios. Se decía que la muerte había ocurrido a causa de un descuido de uno de estos que no había cumplido su función con responsabilidad. 

Tuvo que hacerlo. Tuvo que entrar, el resto de sus colegas tardarían en llegar. 

La sala estaba a oscuras así que lo primero que hizo fue dirigirse a la caja de fusibles y levantar las térmicas, incluso iluminó el escenario que tenía lo que parecía ser visto desde lejos, un vestido oscuro tirado. Se dirigió entonces hacía él para levantar dicha prenda y ordenar el espacio cuando ocurrió: el supuesto vestido negro se levantó como un manto sobre las tablas tomando la forma de una figura femenina. 

El técnico soltó un grito y por inercia dio pasos hacia atrás sin calcular que se encontraba el foso de orquesta. Cayó y se quebró el cuello en el acto. 

Cuando sus compañeros lo encontraron después de varias horas, la expresión facial mostraba los últimos segundos de horror vividos. 

Nadie más se quedó solo trabajando en el teatro. La leyenda era real. 

La peste

 

 

Las calles de Orlok estaban vacías, la peste había arrasado con gran parte de la población. Los pocos sobrevivientes que contaban con movilidad propia huyeron despavoridos hacia aldeas vecinas en busca de un futuro mejor. Un par de niños hambrientos, abandonados a su suerte, dormían en el ático de la capilla. Ya habían sido alcanzados por la enfermedad. En sus rosadas pieles los callos característicos comenzaron a asomar.

Una figura masculina, alta, muy delgada, vestida de negro caminaba por el lugar cuando olió en el aire putrefacto el aroma de los infantes. Avanzó con cautela a través de las paredes de la casa del Señor para abrazar con dulzura las vidas de las criaturas que no volverían a despertar.

Cumpleaños feliz

 

Sólo había un regalo de cumpleaños que anhelaba y su familia lo sabía a la perfección. La despertaron con el desayuno en la cama. Cuando bajó las escaleras la sala de estar estaba atestada de globos violetas, su color favorito y también su nombre. Una torta de dos pisos con diecisiete velitas ardían mientras entonaban el Feliz cumpleaños con ganas. Intentó esbozar una sonrisa pero no pudo contener las lágrimas que patinaban por sus mejillas, la angustia contenida en el pecho, las ganas de gritar. Apagó las velitas, entonces su mamá le entregó una caja envuelta en papel de regalo con un moño en la tapa. Con las manos temblorosas abrió el paquete y sonrió. De verdad, no tuvo que fingir; la cabeza de su victimario la miraba desde sus cuencas vacías. No volvería a ponerle un dedo encima, ni a ella, ni a nadie más. Nunca más. El mejor cumpleaños de su vida.


* Madame Espanto es el seudónimo de Victoria Marañón Rodríguez.