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Siempre hemos vivido en el castillo


"Me llamo Mary Katherine Blackwood. Tengo dieciocho años y vivo con mi hermana Constance. A menudo pienso que con un poco de suerte podría haber sido una mujer lobo, porque mis dedos medio y anular son igual de largos, pero he tenido que contentarme con lo que soy. No me gusta lavarme, ni los perros, ni el ruido. Me gusta mi hermana Constance, y Ricardo Plantagenet, y la Amanita phalloides, la oronja mortal. El resto de mi familia ha muerto."

 

Siempre hemos vivido en el castillo es una obra que me ha resultado sumamente deliciosa. Sí, creo que utilizar esta palabra que remite a los sentidos, cuaja perfecto ya que su escritora, Shirley Jackson, describe constantemente todo lo que comen y beben sus personajes. Aquí, la comida, los alimentos, su preparación son sumamente importantes aunque claro, no revelaré el por qué. Cuando menos sepa el lector sobre la historia, mejor. 

La misma está escrita en primera persona por Mary Katherine, alias Merricat, una joven de dieciocho años que vive auto reclutada en una vieja mansión señorial con varias hectáreas de campo que incluye una laguna, junto a su tío Julien, quien se encuentra postrado en una silla de ruedas y su hermana mayor, Constance, exculpada de envenenar a su familia cinco años atrás, quien cuida de ambos, su jardín y una huerta. Ella es la encargada de cocinar todos los manjares anteriormente mencionados. 

La narración es fluida  siguiendo de cerca la vida rutinaria de las hermanas que, de mundana no tiene nada. A medida que avanza el relato, como es tan característico de la prosa de Jackson, nada es lo que parece y todo se va torciendo, haciendo que nuestro juicio vaya quedando de lado, mientras nos sumergimos en el mundo imaginario de tan picara  protagonista. Merricat es, sin duda alguna, un personaje fascinante, una mujer lobo, como ella se define. Una hembra salvaje que solo mantiene un vinculo verdadero y profundo con su hermana mayor y su gatito Jonas. 

Siempre hemos vivido en el castillo es un cuento de hadas. Sí, los cuentos de hadas hace más de un siglo atrás eran pesadillas que les dejaban a sus lectores/ oyentes terribles advertencias y un sabor agridulce en la boca, tal como Shirley Jackson logra con esta magnifica obra que me he leído de un tirón.

Siniestra, retorcida, divertida, esta novela de un terror intimo, perverso es una delicia que ningún lector debería ignorar. De los mejores libros que he leído en mi vida entera. Siéntense a la mesa que la cena está servida, hoy cocinó Shirley Jackson.