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El códice de las brujas


"Lo que hizo el Espíritu Santo fue exactamente lo mismo que hacía Zeus cuando quería dejar preñada a una mortal, por lo que podemos deducir que los mitos hebreos estaban muy influidos por los griegos, hasta el punto de usar sus mismos, llamemos así "recursos dramáticos". 

 

Después de la versión Víctor Conde de los hombres lobo en Hija de lobos y de las sirenas en He oído a los mares gritar mi nombre, llega el turno de las aclamadas brujas. 

 

Aquí un joven de 23 años aspirante a director de cine y fanático lector ávido de paganismo y rituales ancestrales, Vicenzo Strada, es expulsado de la escuela de cine en Los Ángeles tras haber asesinado a una cobaya en su cortometraje experimental.

Sin un norte de vida, encuentra empleo como operador de radio en un pueblo de los Estados Unidos con una siniestra historia a sus espaldas. Su destino queda sellado cuando su autora preferida es entrevistada en el programa radial del reverendo Pope, un cristiano fanático.

En paralelo, un niño dirige un culto para pre-adolescentes adorando al Maestro, una entidad antiquísima anterior al Diablo judeocristiano. 

 

Esta novela no es apta para estómagos sensibles, descriptiva y cruel por momentos, no deja nada a la imaginación. Canibalismo, asesinatos de infantes, posesiones demoníacas forman parte del folclore que rodea a la mítica figura de la bruja. Más allá de las lecturas feministas con respecto a las políticas patriarcales que tras la peste, necesitaban mantener a las mujeres produciendo mano de obra durante la Edad Media. La histeria, el terror, la ignorancia y la superstición del poder reinante que usó en gran medida a las mujeres, y en menor cantidad a niños y hombres como chivos expiatorios. Está novela escrita por Víctor Conde, sin caer en moralejas ni en corrección política, emplea los tópicos de las viejas historias de brujas. Por ejemplo, como se masturbaban con las escobas (de ahí que volaban en ellas) para con su influjo sexual ser capaces de invocar entidades que habitan otros mundos, paralelos al nuestro.

Aquí no existe el Dios ni el Satanas Cristiano, una de las premisas que trabaja es como las religiones tomaron las antiguas historias adaptándolas a las necesidades presentes. Eso para mí es un punto a favor ya que estoy cansada de los crucifijos como amuleto de poder, aquí impera el paganismo, aunque desde un lugar mucho más perverso ligado al horror cósmico.

 

Los personajes son muy ambiguos, me ha costado identificarme con alguno pero la prosa hábil de Conde engancha con una propuesta atractiva y siniestra a la vez, que vemos a estos como simples peones de un juego (en realidad esto es un poco a propósito también) El libro está escrito en tercera persona, es como un rompecabezas, así es más sencillo poder ir observando como funciona el engranaje hasta el final. 

 

Lo primero que Víctor nos cuenta son hechos históricos puntuales que han transcurrido en algunos estados de Estados Unidos que manifiestan el fanatismo religioso incluyendo los conocidos juicios de Salem.

Con el prólogo "El bosque junto al Maizal, noche de brujas" con las hogueras ardiendo en cada rincón y los niños pequeños saliendo de sus casas hipnotizados, empieza la oscuridad del pasado que tendrá un importante lugar en el presente de la trama. 

 

Una novela de terror que recomiendo exclusivamente a lectores adeptos curtidos, ya que puede ser un poco fuerte para el resto. 

 


Víctor Conde (Santa Cruz de Tenerife, 1973) es el seudónimo del escritor español Alfredo Moreno Santana, autor de obras de ciencia ficción, terror y fantasía.

Ha sido galardonado con diversos premios, entre los que se encuentran el prestigioso Premio Minotauro o el premio Ignotus, ambos por su novela Crónicas del multiverso, y también el Premio Kelvin del festival Celsius 232 de Avilés por su novela Las Puertas del Infinito.

Fue miembro de la Asociación Española de Escritores de Terror, denominada Nocte.

 

Del autor he reseñado:

He oído a los mares gritar mi nombre.

Hija de lobos