"No sabe la sensación de poder que se tiene al dejar huella."
El subastador es una novela publicada por primera vez en el año 1975 y escrita por Joan Samson que, tristemente, falleció poco tiempo después.
La historia sigue a una familia compuesta por John y Mim, un matrimonio relativamente joven que trabaja en su propia granja. A cargo tienen a Yaya, la abuela de él y a su pequeña hija Hildie. Un día llega al pueblo Perly Dunsmore, que quiere “ayudar” a la comunidad organizando subastas con aquellos muebles u objetos que ya no usan. La premisa es que con el dinero recaudado conformará un departamento de policía para que el lugar sea más seguro. Lo que en principio parece una acción de progreso, pronto se convierte en un juego de poder en donde Perly a través de la manipulación y persuasión se lleva todas las semanas algo hasta poner en peligro sus propias vidas.
La novela está impecablemente escrita por Joan. La autora describe lo suficiente para que puedas imaginarte la crudeza de vivir en el campo, algo que a los bonaerenses y, a los citadinos también, nos cuesta imaginar.
Perly es un personaje carismático y tiene mucha labia como buen vendedor. Les va metiendo en la cabeza la idea de que el mundo dejó de ser un lugar seguro y que es por eso que el pueblo necesita contar con más policías. Un verso que se suele usar mucho para justificar la “mano dura” desde los puestos de poder. Con el correr del tiempo, Perly se enriquece a costa de la buena voluntad de los vecinos y estos pierden, no solo su tranquilidad sino también sus propiedades y su libertad.
La escritora era estadounidense y esta obra bebió mucho del conflicto de Vietnam, así como también de la guerra fría. El discurso con el que Perly se va metiendo en la comunidad guarda analogía con la paranoia que sufría el país del norte en aquel entonces (bueno, mucho no cambió)
Como argentina, asocié el tratamiento de está historia a los sermones de los gobiernos de ultraderecha que siempre usan la bandera de la “inseguridad” para justificar represiones, ajustes contra el pueblo trabajador y todo tipo de vejaciones.
Por momentos, los personajes protagonistas me generaron mucha impotencia porque no aceptaba cómo no se enfrentaban a las injusticias de Perly y sus secuaces. ¿Por qué no se organizaban contra él? Bueno, en el caso de John y Mim es que estaban muy aislados del resto del pueblo y el aislamiento da una sensación de pérdida e indefensión que no es tal.
Si bien está catalogada como obra de terror, no causa tanto miedo sino más bien bronca. Creo que es una novela que funciona para leer, por ejemplo, en un club de lectura porque sirve para intercambiar sensaciones y opiniones que guarden relación con el contexto presente.
"Contar historias es casi como vivir varias vidas a la vez."
