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El buen mal


"La locura te asusta, te distrae, pero hay que mirarla con atención."


El buen mal es una antología de seis cuentos escritos por la autora de Distancia de rescate y Kentukis, Samanta Schweblin. Si bien las historias son distintas en cuestión de trama y personajes, la manera en la que la escritora argentina construye y enlaza vivencias muestra un hilo conductor que tiene que ver con el duelo, la pérdida y la muerte. 

La maestría que tiene para sostener la tensión y torcer los acontecimientos, me dejó con un gusto amargo al finalizar cada relato. Incluso con “El ojo en la garganta” derramé algunas lagrimitas. Samanta hace escuela en cada oración, en cada párrafo. 

Si bien tuve favoritos como “Un animal fabuloso”, “William en la ventana” o el ya mencionado “El ojo en la garganta”, todos tienen un nivel de escritura admirable. 

No recomiendo leerlos si están anímicamente tristes porque golpean fuerte. En mi experiencia personal, se disfruta más intercalando con otras lecturas. 

El último cuento, el que cierra está antología, “El Superior hace una visita”, fue el que me puso los pelos de punta por su desarrollo violento. Es a mi parecer, el que se despega del resto. 

Los cuentos tienen un algo difuso, como si formaran parte de ensoñaciones, en donde lo que pasa no es tan relevante como lo que emocionalmente transmiten. 

 

En “Bienvenida a la comunidad” una mujer finge que está todo bien con su familia, tras un intento de suicidio fallido. “Un animal fabuloso” es una conversación íntima de una amistad de años. En “William en la ventana” una escritora se encuentra en una conferencia alejada de su marido enfermo. En “El ojo en la garganta” un niño pequeño se traga una pila y eso desencadena un quiebre en el núcleo familiar. En “La mujer de Atlántida” dos chicas se obsesionan con una poeta alcohólica que perdió la inspiración y pasa sus días tirada en la cama.  En "El Superior hace una visita" una mujer se lleva un disgusto tras ayudar a una anciana senil. 

 

El buen mal es un libro duro que muestra la destreza de Samanta Schweblin para calar hondo en los lectores.