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El bosque de las cosas perdidas


"Es una carga para ella. Nuestra historia familiar parece una enfermedad de la que no puede librarse."

Me costó decidirme en qué categoría poner este libro ya que tiene momentos de terror, elementos de horror botánico, brujas y fantasía al mejor estilo cuento de hadas. 

Si tuviera que describir la escritura de Shea Ernshaw se me vienen a la mente las palabras: etérea, volátil, mágica, evanescente, insidiosa. 

El bosque de las cosas perdidas es una historia sobre la conexión con la naturaleza y la aceptación de nuestra herencia ancestral. 

La protagonista es Nora Walker, una joven de diecisiete años que vive en una cabaña junto a su madre en el pueblo Fir Haven y su perro lobo Finn. Ella viene de una casta de mujeres brujas que la autora nos va presentando a lo largo del libro como si se tratase de un árbol genealógico escrito en una bitácora con hechizos. También se hace referencia al pueblo de Sparrow, escenario principal de su novela anterior.

En el momento que transcurre la trama principal hubo una fuerte tormenta invernal dejando a los escasos habitantes del lugar aislados sin electricidad. Al igual que en su novela anterior, La maldición del mar, Shea Ernshaw nos describe el lugar de tal manera que es muy fácil para el lector ser parte del medio ambiente circundante. Aquí, hay un bosque frondoso, un lago, una serie de cabañas mayormente utilizadas por sus dueños durante el verano y un complejo para muchachos con mala conducta. La noche de la tormenta uno desaparece y otro muere. 

Es entonces cuando Nora decide junto a su perro lobo Finn entrar durante la luna llena, dos semanas después de la tragedia, ingresar al bosque Wicker. Este bosque está vivo, es perverso, sólo duerme cuando la luna está en su fase llena. Cuando despierta, es voraz, violento, los animales no ingresan allí, los pájaros no vuelan cerca de sus ramas. Pero el bosque tiene otra particularidad, recupera objetos que las personas han perdido a lo largo del tiempo. Es así como Nora recupera a Oliver, el muchacho desaparecido durante la tormenta. 

Esta es una historia intima, con pocos personajes, un misterio que atrapa desde el principio y situaciones fantasmagóricas que hacen sentir al lector incomodo.

Nunca terminamos de conocer muy bien a los personajes, todo es tan etéreo que la sensación es la de estar atrapados en un sueño. La prosa de Shea también es muy onírica, logra construir esa atmósfera de frío, aislamiento y perdida. 

Lo único que no me terminó de convencer es el romance entre Nora y Oliver, por momentos quedan algunos pasajes muy descolgados con respecto al contexto de los eventos. Aún así el resultado general es muy satisfactorio. 

 

Es una de esas nuevas escritoras a las que le voy a seguir el rastro ya que, tanto El bosque de las cosas perdidas como La maldición del mar me han conquistado. 

Punto aparte para la maravillosa y cuidada edición por parte de Puck, editorial que gracias a sus diseñadores y contacto con los jóvenes lectores es una de las más populares en la actualidad. La portada con relieve es acorde a la historia narrada.